Te quiero pero me quiero más a mí…

 

Cuando estar enamorada significa sufrir, estamos amando demasiado.

 

Cuando la mayoría de conversaciones con amigas íntimas son acerca de él, de sus problemas, sus ideas, sus sentimientos, y cuando casi todas nuestras frases comienzan con “él…”, estamos amando demasiado.

 

Cuando disculpamos su mal humor, su mal carácter, su indiferencia o sus desaires como problemas debidos a una niñez infeliz y tratamos de convertirnos en su psicoterapeuta, estamos amando demasiado.

 

Cuando tenemos un libro de autoayuda y subrayamos todos los pasajes que ayudarían a él, estamos amando demasiado.

 

Cuando no nos gustan muchas de sus conductas, valores y características básicas, pero las soportamos con la idea de que, si tan solo fuéramos lo suficientemente atractivas y cariñosas, él querría cambiar por nosotras, estamos amando demasiado.

 

Cuando nuestra relación perjudica nuestro bienestar emocional e incluso, quizá nuestra salud e integridad física, sin duda estamos amando demasiado.

 

Amar demasiado no significa amar a demasiados hombres, ni enamorarse con demasiada frecuencia, ni sentir un amor genuino demasiado profundo por otro ser. En verdad significa obsesionarse por un hombre y llamar a esa obsesión “amor”, permitiendo que ésta controle nuestras emociones y gran parte de nuestra conducta y, si bien comprendemos que ejerce una influencia negativa sobre nuestra salud y nuestro bienestar, nos sentimos incapaces de librarnos de ella. Significa medir nuestro amor por la profundidad de nuestro tormento.

 

 

Robin Norwood empieza de esta manera su libro “Mujeres que aman demasiado”. En mi opinión, es un prólogo tan atractivo y sugerente que te hace engancharte al libro de inmediato. Se podría decir que es un libro de los llamados autoayuda y aunque muchos lo critiquen es y ha sido un bestseller internacional, no hace falta decir más. Pero este artículo no se basa en justificar si estos libros ayudan o no a personas con problemas similares, este artículo se centra en un tema que repercute a muchas mujeres (¡y hombres! aunque en menor medida) cuando aman en exceso.

Cuando amamos en exceso y ese amor nos perjudica y hace que nuestro bienestar psicológico se balancee e incluso que dé tumbos, estamos amando demasiado. Nuestro amor se convierte en obsesión y sobre todo en una adición. Estamos adictas y enganchadas a un malestar psicológico que no nos aporta ningún beneficio saludable pero aún así no queremos deshacernos de él. ¿Inexplicable?.

Existen diferentes enfoques psicológicos de por qué permitimos que nuestro amor nos aporte un sufrimiento constante, el más acertado, según mi opinión es aquél que hace que busquemos patrones de hombres que se asemejen a nuestras figuras paternas, pero no voy a entrar en ese terreno, este artículo se podría convertir en un hatajo de presunciones ya que no nos estamos centrando en ninguna persona en particular, por tanto serían simples conjeturas.

Sí diré que la mayoría de las personas que “quieren demasiado” son conscientes de que su manera de llevar una relación es errónea y no les hace felices pero buscan excusas continuas y sobre todo quieren proteger siempre el comportamiento de los hombres con los que están. El miedo es el dominador común de estas relaciones. Miedo a estar sola, miedo a no ser correspondida, miedo a no volver a encontrar a otra persona, miedo a ser ignoradas y un largo etcétera. Dan su amor con la esperanza de que alguien se haga cargo de sus miedos.

Si te sientes identificada con este artículo, te invito a que leas el libro de Robin Norwood. Es un libro duro que requiere ser leído sin reproches y con una mente abierta. Sin pensar en ningún momento que es un ataque hacia tu persona. El objetivo del libro será dejar de amar con tanta intensidad y amarte a ti misma lo suficiente para poder ser feliz.

 

 

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