A rey muerto, rey puesto

Llega un momento en la vida que, por las razones que sean, una relación larga, de muchos años, consolidada y donde ha habido mucho amor se rompe. Hay sufrimiento por ambas partes, dolor, rabia, aceptación, adaptación y un sinfín de estados emocionales que siendo humano y viniendo del planeta Tierra tienes y debes pasar. Lo que llamamos “El duelo”. Un duelo no tiene un tiempo específico, pero sí que tiene un tiempo “no específico”. Permíteme que me explique. Es muy difícil que una ruptura se pueda cicatrizar en cuestión de semanas o un par de meses.

Se acabó el amor, de tanto usarlo. Supongo que me preguntarás por qué no vas a empezar una nueva relación con una persona aunque acabes de vivir una ruptura tormentosa si hacía tiempo que ya no sentías nada por tu ex pareja. El quid de la cuestión es tener un tiempo para TI. Dejar de querer a tu pareja, que en este caso es algo que ya tienes conseguido, es muy importante y esencial para empezar una nueva relación, pero no es lo único que necesitas. Necesitas tiempo para conocerte a ti mismo, para estar solo, para saber lo que quieres, para analizar tus prioridades, para restablecer tu autoestima, en definitiva, para ejercer del dueño de tu vida. Todas estas cosas sólo las consigues con tiempo. Este periodo de aceptación requiere esfuerzo y dedicación.

A rey muerto, rey puesto. Como arte de magia, aparece una persona en tu vida que consigue que estés tan bien que no dudas ni un segundo en empezar una relación con ella. PURA NECESIDAD. Esto no es amor, es necesidad. Tampoco ha sido magia, ha sido desesperación por encontrar a alguien que pueda cubrir el vacío que tiene tu corazón. Estás tan desesperado de la vida que te agarras a un clavo ardiendo. ¿Por qué no puedes estar solo? ¿A qué tienes miedo? ¿A ti mismo? ¿Prefieres empezar una relación basada en la necesidad antes que en el amor? ¿No es el amor la base de cualquier relación duradera? Muchas veces, tristemente, arrastras a terceras personas en tu aventura de curar heridas de guerra con tiritas de papel. Pero tampoco parece importarte eso, lo único que anhelas y deseas es mostrar al mundo que tienes a alguien con quien compartir tu vida y mirar que en el lado derecho del sofá de tu casa (esa casa que ya no es tuya) hay alguien, ahí sentado, que ni siquiera conoces, pero crees que está “cómodo”. Un bulto. No has pasado el duelo, no has aprendido nada de tu ruptura amorosa, no te has levantado por ti solo de esta caída, no sabes qué es lo que necesitas cambiar para que tu nueva relación funcione, no sabes qué quieres exigir a tu nueva pareja para que tu nueva relación no fracase y no lo sabes porque no has pasado un duelo, porque no has aprendido de una situación, porque no has analizado qué fue mal y porqué. El que no aprende de sus errores, está condenado a revivirlos.

No es moral ni ético engañar a otra persona para sentirte tú mejor, tampoco es admirable que tus hijos se tengan que adaptar de la noche a la mañana a una persona que es tan desconocida para ellos como lo es para ti. Todos somos dueños de nuestros errores pero cuando estos errores implican a terceras personas, tenemos que intentar hacer las cosas bien, despacio, con calma, para que nadie salga herido, para que todos sean felices, para que la felicidad sea perenne y no caduca.

Tener tiempo para ti, empezar una nueva relación con calma y despacio, introducir tu nueva pareja a tus hijos poco a poco, enamorarte realmente de tu nueva pareja, son factores que no garantizan cien por cien que tu nueva relación vaya a ser para toda la vida, pero garantizan la sensatez, la cordura, el verdadero amor, la conciencia tranquila, la felicidad a crédito no a débito, garantizan los pilares de tu vida y de tu persona y estos valores tarde o temprano nos llevan a la felicidad y la vida plena.

 

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