Relaciones tóxicas

Definiré las relaciones tóxicas como aquéllas que no te hacen feliz pero tampoco les pones fin. Inexplicable sí, pero reales como la vida misma. Cuando estás dentro de una relación en la que tienes muchos más momentos malos que buenos es una relación tóxica y en la mayoría de los casos te has acostumbrado a ser infeliz. Es una situación inapelable, firme. Es lo que yo defino como “acostumbrase a ser infeliz”. En la vida a todo te acostumbras y a ser infeliz, lamentablemente, también. Estás convencido que la vida es así. No tienes fuerzas para cambiar ni quieres tenerlas. Pasan los días, los meses e incluso los años  y sigues en el mismo sitio.

Te refugias en que tu relación no puede cambiar porque hay terceras personas, en este caso, hijos. Desconoces que cuando una pareja es infeliz, esa infelicidad se transmite a tus hijos también. Piensas que puedes  camuflar la infelicidad con una careta de alegría. Y siguen pasando los días, y sigue pasando la vida.

En tu caso que no tienes hijos, no sabes qué será de tu vida si te quedas sola. Es irónico, no puedes ver que ya estás sola. Tienes miedo a perder algo que no tienes. Decides seguir siendo infeliz. Decides estancarte en una relación sin rumbo.

En estas relaciones tóxicas, las personas se agarran a un clavo ardiendo. Tienen miedo de hacer frente a la vida. Ignoran que la cobardía o la hipocresía no construyen ni sustentan fuertes pilares. Todo se puede desplomar en cualquier momento.

Permíteme que sea dura, esta vida no está hecha para cobardes, conformistas, para excusas o justificaciones. Esta vida es para vivirla. Saca fuerzas, mira en tu interior, encuentra tus artimañas para salir de una situación que te hace ser inerte. Busca ayuda. Cuenta cómo te sientes. No mientas más. No des una imagen de ti mismo que no es la real. La mentira tienes las patas muy cortas. La infelicidad es muy difícil de esconder.

Yo te aseguro que hacer frente a problemas es el camino de la felicidad. No será una felicidad inmediata, habrá que recorrer un camino, pero cuando llegues a tu destino solo te preguntarás por qué no tomaste las riendas de tu vida mucho antes. Esto último no lo podrás cambiar pero podrás empezar a ser feliz, a ser tú.

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