Respeta mi trabajo…

 

A mí muchas situaciones que vivo en España a nivel laboral se me van de las manos. No las entiendo. No estoy acostumbrada, ni tampoco quiero acostumbrarme, a trabajar de una manera abúlica e indolente. Me crea gran impotencia trabajar con personas que se creen que adjetivos tales como “señorial y feudal” no tendrían que estar en desuso nunca. Los jerárquicos, los que abusan del poder, los que juegan con el tiempo y el trabajo de otras personas son, desde mi más humilde opinión, personas que carecen de cualquier ápice de inteligencia emocional y que nunca serán líderes sino meros y simples jefes.

 

Te explico rápidamente la diferencia entre un líder y un jefe. Un jefe es el que ordena y manda. No escucha razones. No piensa en las cualidades de sus trabajadores para sacar el máximo de sus habilidades y capacidades. Un jefe estúpidamente quiere alcanzar una producción máxima desde su insulsa ignorancia. Desconoce, que un exitoso trabajo, siempre tiene que ir compuesto de un buen equipo trabajando en común. Un trabajador sentirá miedo o rabia por su jefe. Sentimientos que no ayudan a alcanzar un trabajo impecable.

Un líder es aquella persona que SABE sacar lo mejor de sus trabajadores para así conseguir un trabajo en equipo efectivo y eficiente. Un líder tiene que tener inteligencia emocional. Un líder tiene que saber empatizar con sus trabajadores para así poder alcanzar objetivos y superar metas diariamente. Un trabajador sentirá admiración por su líder pero nunca miedo o rabia.

 

Bueno, pues aquí en España, la mayoría del tiempo existe y se conoce el concepto de jefe, pocas veces el de líder. Siento impotencia y a la vez me da pena. El respeto a las personas debería ser un código deontológico inquebrantable ya que es un derecho constitucional. No me iré al ámbito legal para defender mi postura. Me iré una vez más al lado “del sentido común”, los éxitos raras veces se consiguen individualmente.

 

Groucho Marx dijo en una ocasión:

“Estos son mis principios si no le gustan tengo otros” 

Yo diría:

“La dignidad es lo último que se pierde. Aquí no es EL TODO VALE.

Respeta mi trabajo para que yo pueda respetar el tuyo”.

 

Desde muy pequeña, mi madre me ha inculcado a hacer mi trabajo bien para que nadie pueda faltarme el respeto. Hoy por hoy, no dejo que nadie me falte el respeto. Si bien es cierto que hay personas que lo intentan. No dejes que te falten el respeto. Usa tu asertividad para hacerle ver a la otra persona tu superioridad no sólo a nivel laboral pero también personal.

 

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No dejes que te falten el respeto.

Mediante una buena asertividad puedes llegar a expresar todos tus principios.
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