El chip de la indiferencia

Qué poca importancia le damos a sentimientos negativos y destruyentes que florecen en nosotros cuando estamos atravesado un momento difícil causado, a nuestro parecer, por una segunda persona. Salen por nuestra boca sapos y culebras. Como si no hubiese un mañana. No nos percatamos que son sentimientos y pensamientos que están creando que el malestar permanezca, crezca y no muera. No somos conscientes que los perjudicados somos nosotros mismos. Alimentarse del odio y del desprecio hacia una persona solo conduce a una inestabilidad psicológica que refleja la debilidad de la persona que proyecta estos sentimientos. Desear el mal a alguien, solo nos lleva a la destrucción personal. Esos primeros pensamientos que se han convertido ahora en fuertes sentimientos hacen que salgan a la luz nuestros más grandes defectos e imperfecciones como personas. Tener el don de que las acciones de otras personas no influyan en tu vida hasta el punto de no ser feliz y desear el mal,  es una virtud primordial para poder alejarte de las situaciones que crean una energía negativa. Hay que activar “el chip de la indiferencia”, ése que hace que puedas disfrutar de tu vida y no pensar en la de los demás. Cualquier percance que haya pasado, cualquier suceso que haya ocurrido en tu vida, sea de la índole que sea, desear el mal a la otra persona no será nunca el camino de tu felicidad. Porque tienes que recordar siempre que “no hay mayor desprecio que el no hacer aprecio”. Ya sea porque estés atravesando una ruptura, un divorcio, una decepción, un reproche, una deslealtad. Sé firme, fuerte y segura. Aléjate del problema. Intenta no hablar de él con muchas personas. Piensa en tus virtudes. Enciérrate en una burbuja irrompible a los desengaños y desilusiones. Muestra que tu vida vale más la pena que ese particular suceso que te está tocando vivir.

Para poder aprender a desviar esos sentimientos y pensamientos negativos de tu vida:

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